En este día 24 de noviembre, la ONU está conmemorando el Día internacional de la eliminación contra la mujer, como inicio de la Campaña Únete, donde se busca concientizar a la sociedad sobre este problema y promover soluciones para proteger los derechos de las mujeres.
Las estadísticas de violencia contra la mujer son escalofriantes:
- 1 de cada 3 mujeres sufren violencia de género durante su vida.
- Cada 11 minutos una niña o mujer muere asesinada por un familiar.
- Menos del 40% de las mujeres que sufren violencia, buscan ayuda.
Y de esta manera, la violencia consume y destruye a las mujeres que la sufren.

Uno de los tipos de violencia ejercida contra las mujeres, es la violencia económica. Ejemplos de este tipo de maldad son:
- Controlar o forzar cualquier tipo de acción, emoción o decisión a través del dinero
- Robarle dinero
- Controlar sus cuentas bancarias y/o realizar movimientos financieros sin su consentimiento
- Proveer menos dinero que el que se requiere para las necesidades básicas del hogar
- No estar abierto a dialogar, discutir y definir un presupuesto en pareja
- Utilizar el dinero de formas que no fueron acordadas previamente al discutir el presupuesto
- Forzarla a entregar su cheque de pago o nómina, sin previo consentimiento
- Impedirle de usar sus propias tarjetas o cuentas bancarias (sean de débito, crédito, inversiones, etc.)
- Forzarla a firmar documentos o contratos que no ha podido revisar con detenimiento
- Restringir o limitar algún recurso (dinero, ropa, comida, medicamentos, etc.)
Esto no solo es un problema social y jurídico. Es un grave problema espiritual. Te comparto 4 razones por las cuales la violencia económica contra la mujer, es un pecado contra Dios:
- 1. La violencia económica contra la mujer va en contra de la provisión amorosa de Dios
- 2. La violencia económica contra la mujer es contrario al Segundo Gran Mandamiento (“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”)
- 3. La violencia económica contra la mujer destruye la unión matrimonial
- 4. La violencia económica contra la mujer es totalmente opuesta al amor sacrificial de Cristo con su Iglesia
- Conclusión
1. La violencia económica contra la mujer va en contra de la provisión amorosa de Dios
Normalmente, la violencia económica es ejercida cuando el hombre utiliza el dinero como un instrumento para violentar a la mujer.
Y en un gran contraste, tenemos a Dios que es bueno, benevolente, lleno de gracia y misericordia. Dios utiliza toda la riqueza de la creación para bendecir a los humanos.
Dios nos hizo a su imagen y semejanza (Génesis 1:26) y uno de sus propósitos principales en la creación del hombre, es que este refleje el carácter de Dios, tanto con sus semejantes, como con el resto de la creación.
De hecho, Dios se caracteriza con ser bueno con aquellos que incluso no lo merecen (Mateo 5:45).
Hombre, tienes un llamado santo de parte de Dios: mostrarle bondad y gracia a la mujer a través del dinero
2. La violencia económica contra la mujer es contrario al Segundo Gran Mandamiento (“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”)
El Segundo Gran Mandamiento es la suma de todos los mandamientos de la ley con respecto a los demás seres humanos (Romanos 13:9-10) y que el Señor Jesucristo mencionó claramente al discutir con los fariseos:
“Y el segundo es semejante:
Mateo 22:39
Amarás a tu prójimo como a ti mismo”
Es simple: trata a los demás como quieras que te traten a ti.
Ningún hombre le gustaría sufrir alguno de los casos mencionados de violencia económica. Entonces, es claro que ningún hombre tiene derecho a lastimar a una mujer a través del dinero.
3. La violencia económica contra la mujer destruye la unión matrimonial

(Imagen tomada de The Observer México)
Cuando un hombre y una mujer se unen en santo matrimonio, se comprometen a cumplir en ellos mismos la expresión “una sola carne” (Génesis 2:24, Marcos 10:6-8).
La unión matrimonial debe reflejarse en cada aspecto del matrimonio. En cuanto a las finanzas matrimoniales, la unión bíblica debe reflejarse así:
- El dinero es de ambos, no de uno u otro
- La riqueza o debe usarse para amar y bendecir al cónyuge y a los hijos
- Los recursos económicos deben utilizarse según el presupuesto que se haya acordado mutuamente
- El uso del dinero debe ser transparente para ambos y basado en la confianza y el respeto mutuo
La violencia económica es utilizar el dinero matrimonial como un arma de destrucción y no como un instrumento de bendición. Esta idea es horrorosa, completamente antibíblica y va totalmente en contra de la unión matrimonial, que es una bendición celestial para el hombre y la mujer unidos en casamiento.
4. La violencia económica contra la mujer es totalmente opuesta al amor sacrificial de Cristo con su Iglesia
Los hombres tenemos el llamado más santo y sublime dentro del matrimonio: reflejar a Cristo.
“Maridos, amad a vuestras mujeres,
Efesios 5:25
así como Cristo amó a la iglesia,
y se entregó a sí mismo por ella…”
Cuando el hombre utiliza el dinero como una maldición y no como una bendición contra su esposa, estamos sutilmente diciendo que Cristo es un abusador y maltratador de la iglesia.
¡Qué gran blasfemia!
No hay nadie que haya hecho un mayor sacrificio y demostrado mayor amor, que el que Cristo demostró por su iglesia en la cruz del calvario:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo,
Juan 3:16
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en él cree, no se pierda,
más tenga vida eterna”
Si Cristo sacrificó todo por su Iglesia, ¿no debe el hombre sacrificar todo (incluido nuestro dinero) por el bien de su esposa e hijos?
Conclusión
El asunto de violencia económica es un serio problema espiritual. Que Dios traiga convicción y arrepentimiento en los hombres, para así amar a sus mujeres (esposas e hijas) a través del dinero.
Finalmente, quisiera dar una pequeña palabra de consuelo a las mujeres que viven violencia (de cualquier tipo):
Mujer, Dios sabe todo lo que sufres.
Romanos 14:12
Algún día Él traerá justicia a tu vida.
¿Qué te pareció el artículo? ¿Reconocías la violencia económica contra la mujer es un pecado contra Dios? ¿Has sufrido o conoces a alguien que sufre violencia económica?
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¡Dios te bendiga!