Todos nos tenemos que enfrentar, durante nuestra vida, a la deuda. En varios momentos de la vida y por diversas razones, vamos a requerir que alguien nos preste dinero que no tenemos en el momento. Pero es muy importante considerar que, al obtener un préstamo, también tenemos una obligación espiritual de pagar nuestras deudas.
“El impío toma prestado, y no paga;
Más el justo tiene misericordia, y da. “
Salmos 37:21
Vamos a considerar la primera frase y te comparto 3 razones por las que el pagar nuestras deudas es una obligación espiritual.
No pagar las deudas es pecado
En sí, el tener deudas no es pecado. No hay pasaje en la Escritura que defina que el tener una deuda es pecado.
Es pecado no pagar las deudas.
Ese es el comportamiento del impío. Como contraste, en el mismo pasaje vemos como el justo no solo cumple con sus deudas, sino que también se administra para tener un excedente y poder ser generoso.
Es raro que el día de hoy se considere el no pagar las deudas como un asunto espiritual. Pero como menciona Salmos 37:21, es pecado no pagar las deudas.
¿Has considerado las consecuencias del pecado? Existen muchas, pero como ejemplo podemos decir que el pecado:
- Apaga el Espíritu Santo (1 Tesalonicenses 5:19)
- Nos roba el gozo (Salmos 51:12)
- Entristece a Dios (Efesios 4:30)
- Abre la puerta a otros pecados (Isaías 30:1)
- Rompe la comunión con Dios (Isaías 59:1-2)
Así que tomemos seriamente nuestras deudas y paguémoslas en tiempo y forma, para nuestra buena salud espiritual.
No cumplir con los préstamos es un síntoma de amor a las riquezas
Las riquezas tienen la característica particular de provocar en el corazón pecador (que todos tenemos) el amor a las riquezas, como especifica 1 Timoteo 6:10.
El amor a las riquezas no es exclusivo de los ricos, como se pudiera pensar al principio. Es un mal del que todos, ricos y pobres, podemos padecer.
Hay ricos que son piadosos y utilizan sus amplios recursos para glorificar a Dios y expandir el reino de los cielos.
Y hay pobres que aman las riquezas en su corazón, pero no tienen los recursos para expresar ese amor pecaminoso de manera visible.
En cualquier caso, el no pagar las deudas es un síntoma del amor a las riquezas.
El engaño principal del amor a las riquezas es la falsa promesa de que los bienes y el dinero traen felicidad, contentamiento y plenitud personal (Lucas 12:15).
En su afán de juntar más dinero y bienes, el impío no paga los préstamos pendientes. Además de no utilizar los recursos que, al fin de cuentas, le pertenecen a Dios.

Al no pagar deudas, fallamos en ayudar al prójimo
Cuando no tenemos nuestras finanzas en orden, se vuelve más tentador el no cumplir con el compromiso de pagar las deudas. Al hacer esto, estamos restando recursos a nuestro presupuesto que deberíamos utilizar para mejores propósitos.
Uno de estos propósitos, y de los más importantes, es ayudar al prójimo en necesidad (Hechos 20:35).
A nuestro alrededor hay muchísimas oportunidades para ayudar. Cuando ayudamos al necesitado, estamos siendo ejemplos de como Dios ayuda al que tiene necesidad (Salmo 121:1-4).
Mientras que el impío piensa en no pagar, el justo piensa en cumplir con su deuda y ayudar al necesitado.
Y cuando no pagamos deudas, perdemos la bendición de dar, lo cual es mejor que recibir (Lucas 6:38 y Hechos 20:35).
Así, que considera seria y cuidadosamente, que pagar las deudas es una obligación espiritual.
¿Qué te pareció el artículo? ¿Habías visto el pagar las deudas como un deber bíblico? ¿Estás tomando en serio el cumplir tus préstamos?
Apreciamos tus dudas o comentarios, por lo que considera dejar un comentario.
¡Dios te bendiga!